Poesía 30 de junio de 2014 | 7:00 am

Tres más de Wallace Stevens

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El hombre bueno no tiene forma

 

Durante siglos vivió en la pobreza.

Tan sólo Dios era su sola elegancia.

 

Después, generación tras generación, creció

más fuerte y más libre, algo más rico.

 

Vivió cada vida porque, si era mala,

decía que una vida buena era aún posible.

 

Por fin la vida buena llegó: dulces sueños, fruta brillante,

pero Lázaro le entregó al resto,

 

quienes le mataron, clavándole plumas en la carne

para burlarse de él. Le pusieron en su tumba

 

con vino agrio para calentarle, un libro vacío para leer,

y por encima colocaron un letrero dentado,

 

epitafio a su muerte, que decía:

“El Hombre Bueno No Tiene Forma”, como si lo supieran.

 

*

 

La Mujer al Sol

 

Es sólo que este calor y movimiento son como

el calor y el movimiento de una mujer.

 

No es que haya una imagen en el aire,

ni el principio o final de una forma:

 

está vacía. Pero una mujer en oro, sin hilos,

nos quema con el cepillado de su vestido

 

y con una abundancia disociada de ser,

más definida por lo que ella es –

 

porque es incorpórea,

soportando los aromas de los campos estivales,

 

confesando lo taciturno y aún así indiferente,

invisiblemente diáfano, el único amor.

 

*

 

Mundo sin peculiaridad

 

El día es grande y fuerte –

pero su padre también era fuerte, y yace ahora

en la ruina del polvo.

 

Nada podía ser más sosegado que el modo

en que la luna se mueve hacia la noche.

Pero aquello que su madre fue retorna y llora en su pecho.

 

La madurez roja de las hojas redondas se hace gruesa

con las especias del verano rojo.

Pero ella, quien él amó, se enfría con su tocar ligero.

 

¿Qué bien hace que la tierra esté justificada,

que esté completa, que sea un fin,

que en sí misma sea suficiente?

 

Es la tierra misma la que es humanidad…

Él es el hijo inhumano, y ella,

ella es la madre funesta, que él no conoce.

 

Ella es el día, el movimiento de la luna

entre las especias sin aliento y, a veces,

él también es humano y la diferencia desaparece,

 

y la ruina del polvo, la cosa sobre su pecho,

la mujer odiosa, el lugar sin sentido,

se convierten en un ser único, seguro y verdadero.

 

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