Filosofía 15 de octubre de 2015 | 4:38 pm

Oscurantismo científico

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El título de este artículo parece una provocación envuelta en una paradoja pero no tiene esa intención. En todas las generaciones el oscurantismo se ha nutrido de aquellos que practican la metodología dominante, y puesto que hoy predominan los métodos científicos, a la luz de éstos tendremos oscurantistas que no desean tanto conocer la realidad como utilizarla.

 

El drástico cambio que sufrieron las pautas morales en el primer siglo de la Edad Moderna se inspiró en las necesidades y aspiraciones de su más significativo grupo de hombres, los nuevos científicos. Las virtudes cardinales de nuestra época –éxito, industria y veracidad- tenían que ser las más grandes virtudes de la ciencia moderna.

 

Pero hay que recordar cómo la mayor corrupción moral del pensamiento se incubó en el biologismo de un mundo que depositó su fe en la ciencia. Un discípulo de Darwin, Thomas Huxley, quiso hacernos entender de una vez por todas que “el progreso moral no se debe a la imitación del proceso cósmico ni al alejamiento de él, sino a la lucha contra él” La atmósfera de las ciencias naturales es el medio en el que germinó el cultivo de las razas puras y la necesidad de liquidar la vida que no merece vivir. Por otra parte, el positivismo ofrece una nueva justificación de las jerarquías sociales. Ya no se recurrirá a la sangre o la herencia de Dios para explicar las desigualdades: el peso de la ciencia nos forzará a comprenderlas.

 

Despreciando las pequeñas polémicas cotidianas Gramsci se identificaba con la labor científica y por tanto se esforzaba en comprender plenamente los conceptos utilizados, en disponer de mucha información del estado anterior de los problemas tratados, ser muy cauto a la hora de hacer afirmaciones, en avanzar de modo necesario, sin arbitrariedades, y tener en cuenta los vacíos existentes en los conocimientos ya alcanzados sin contentarse con soluciones o nexos puramente verbales, sino declarando que se adoptan posiciones provisionales que son susceptibles de volver a examinarse y desarrollarse.

 

 Ahora bien, Gramsci tenía que admitir que sólo se puede prever “cientifícamente” la lucha pero no los momentos concretos de ésta, que son el resultado de fuerzas opuestas en continuo movimiento que no se pueden reducir a cantidades fijas (la obsesión de la ciencia es lo invariable) porque en ellas la cantidad se transforma constantemente en cualidad. Sólo se “prevé” en la medida en que se actúa y se contribuye a crear lo “previsto”.

 

¿Por qué la lectura de Kant no elimina la necesidad de leer a Platón y Aristóteles, mientras que la lectura de un tratado reciente de Física dispensa de tener que leer a Newton? La ciencia propone y la filosofía dispone.

 

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