Cine 15 de marzo de 2015 | 3:00 am

El "polar": Simenon

Simenon en Mlán, 1957 (Emilio Ronchini)

Tintín y Maigret son dos de los personajes más populares entre los franceses a pesar de la burlona condescendencia con que se dirigen a los belgas, pero ya sabemos de su magnífica capacidad para acoger talentos ajenos y nutrirse de ellos. En las últimas décadas el género negro está adquiriendo un enorme predicamento nórdico, pero es Francia el país europeo que lo ha incorporado con más énfasis y acierto a su tradición cultural. Inventaron el término noir para referirse a ese tipo de literatura, así como film noir para el cine y polar para abarcar todas la manifestaciones de un campo creativo en el que las palabras de Georges Simenon y las imágenes cinematográficas que ha inspirado constituyen la intersección ideal.

 

Simenon fijó un modelo literario que, alejado de la novela negra norteamericana, ofreció a los cineastas franceses (y a otros como Ladislao Vajda) ricas y múltiples posibilidades. Frente al realismo poético se buscaba reflejar cierta autenticidad social. La sórdida artificiosidad de la sociedad parisina y los excesos suntuarios de la Costa Azul pierden su atractivo: con cierto sentido de la mesura, se prefiere captar una vida más tradicional, de placeres sencillos. Se desdeña la burocratización judicial y detectivesca o esos procedimientos basados en acumulaciones de pistas, pruebas e infalibles deducciones.

 

Marx decía que Dickens “había proclamado más verdades de calado social y político que todos los discursos de profesionales de la política, agitadores y moralistas juntos”. En la obra de Simenon, obsesionado por situarse en el lugar del otro, hallamos claves para el conocimiento del ser humano, por su valioso estudio de las esperanzas y miserias del hombre de la multitud, que esporádicamente puede acercarse al mundo del delito o ser un ocasional transgresor de la ley (asesinato incluido).

 

Humphrey Bogart y Robert Mitchum eran rostros estatuarios con algún leve asomo de vulnerabilidad. Los franceses proceden a la inversa para dar vida a este tipo de papeles: hombres y mujeres comunes (falsas femmes fatale) cuya fragilidad constituye su aparente dureza. Jules Maigret ha sido interpretado por una docena de actores (desde Pierre Renoir o Rupert Davies hasta Charles Laughton, con su oronda ironía), pero fue Jean Gabin, en las películas de Jean Delannoy, quien se apropió del personaje, siendo ya imposible imaginarlo con otros rasgos.

 

También Simenon llegó a tener el mismo aspecto que Maigret; sobre ello reflexionó en sus Memorias íntimas, en las que a la manera unamuniana su propia creación lo interpela, espetándole que cada vez se parecen más. Mientras Maigret era reducido a la pequeña pantalla, el reconocimiento literario de su creador fue creciendo tras su muerte.

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