Cine 14 de noviembre de 2012 | 9:00 am

Comentarios cinematográficos

 

(El árbol de la vida) Ante una película con evidentes pretensiones pedagógicas no se incurre en injusticia si se juzga la película juzgando el contenido de tal pedagogía. Y este es el mayor problema de una obra merecedora de halagos por otros aspectos. “Amar” como imperativo que otorga un sentido completo a la vida, amar indiscriminadamente, a todo ser humano, a todas las especies, supone rebajar, precisamente, el valor del amar en si, que se convierte en un acto tan mecánico y desprovisto de contenido que no necesita siquiera un objeto concreto al cual dirigirse, sino la referencia a un prójimo como mero soporte, acaso imprescindible, pero reemplazable y fungible. Que la especie, y no los individuos, puedan ser objeto de amor, violenta sustancialmente la naturaleza misma del amar. Dicho en términos gramaticales: las prédicas del personaje de la madre hacen que el objeto del amor degenere de complemento directo en ablativo instrumental. Si el objeto del amor es la totalidad de las cosas, las cosas amadas dejan de ser amadas por alguna cualidad que las diferencie de otras, siquiera una cualidad amoral –y no por ello menos importante, como nos muestra la tragedia de Antígona y Creonte- como el vínculo de sangre, y pasan a ser amadas para satisfacer la pura y redundante necesidad de amar. El amor como virtuosismo autosuficiente. Nótese, sin embargo, que el amor de madre no le impide aceptar pacíficamente la muerte de su hijo de 19 años, desde una situación de terrible desgarro emocional hasta la racionalización de su destino como voluntad divina, “Dios nos da y Dios nos quita”, y finalmente pasando de sujeto pasivo a sujeto activo, “Te entrego a mi hijo”. El recorrido de la madre desde la imposibilidad de aceptar el destino que Dios le ha reservado hasta la redención de su sufrimiento es en realidad una regresión y la traición al instinto natural más elemental: el mismo que a ella le fuerza a decir, inicialmente, “No quiero dejar de sufrir por la pérdida de mi hijo”. Su conciencia, en el desgarro, siente como una traición la sola posibilidad de recuperación: “Decir que el tiempo todo lo cura vale tanto como decir que todo lo traiciona” (Rafael Sánchez Ferlosio). Un agente mucho más pernicioso y corrosivo que el paso del tiempo es lo que a ella le ha permitido redimirse: la aceptación incondicional de la voluntad de Dios. Contrariamente a lo dicho por Dostoievski, si Dios existe todo está permitido.

 

(La Naranja Mecánica) Hay algo que no acaba de funcionar en su discurso: la forma usurpa el contenido de lo narrado y se interpone entre la historia y el espectador, mediante una ambigüedad bien calculada que recubre la violencia de una estética que la convierte en un espectáculo agradable. No en vano La Naranja Mecánica ha degenerado en una marca. Stanley Kubrick ha querido agradar al espectador y ha convertido su película en un deleznable y vulgar producto de consumo masivo.

 

(Saló o los 120 días de Sodoma) Pier Paolo Pasolini, por el contrario, no busca la tolerancia ajena, y ha querido agredir al espectador. El público que demandaba sexo y violencia como productos de consumo masivo los va a tener aquí también: pero en dosis letales, y con una virulencia tal que inevitablemente se volverán contra él. Por eso esta obra permanecerá como un punto irreductible de subversión. Más, paradójicamente, condenada precisamente por eso a la marginalidad. “Nosotros los fascistas somos los verdaderos anarquistas una vez, naturalmente, que nos hemos adueñado del estado. De hecho, la única verdadera anarquía es la del poder”, dice uno de los jerarcas, repitiendo así, hiperbólicamente, la fórmula del poder como decisión soberana suprema no sujeta a Derecho alguno. En tan atroz drama, aquí ya no hay un Dios al que apelar: “Las más insignificantes prácticas religiosas por parte de cualquier individuo serán castigadas con la muerte”, reza una de las normas que imponen los cuatro depravados protagonistas a los jóvenes secuestrados. No les ha quedado siquiera el flaco consuelo de poder racionalizar su sufrimiento como ofrenda a Dios, porque también Dios les ha abandonado en el horror fortificado de Saló. Por eso el Marqués de Sade, en otro de sus textos (Juliette), pone en boca de Dios las siguientes terribles palabras, argumentadas con el implacable rigor de un teorema:

 

Cuando veíais que todo era vicioso y criminal en la tierra, ¿por qué os perdisteis por los senderos de la virtud? ¿Os anuncié con algo que este mundo estuviese hecho para serme agradable? ¿Y no debían convenceros las constantes desgracias con que yo cubría el mundo de que sólo amaba el desorden y que era preciso imitarme para complacerme? ¿Acaso no os di cada día ejemplo de destrucción? ¿Por qué no destruisteis? Las plagas con que aplastaba al mundo, probándoos que el Mal era toda mi alegría, ¿no debían animaros a servir mis planes por el mal? Se os decía que la humanidad debía satisfacerme: ¿y cuál es el acto de mi conducta en el que hayáis visto bondad? ¿Ha sido cuando enviaba pestes, guerras civiles, enfermedades, terremotos, tormentas? ¿Era cuando sacudía sobre vuestras cabezas constantemente las serpientes de la discordia, cuando os convencí de que el bien era mi esencia? ¡Imbécil!, ¿por qué no me imitabas? ¿Por qué te resistías a esas pasiones que sólo había colocado en ti para probarte cuán necesario me era el mal?

4 comentarios a “Comentarios cinematográficos

  1. Sobre La Naranja Mecánica.

    Para nada Juan. Lo siento.

    Primero. Aunque fuese tu película más odiada, la crítica se merece más de cinco líneas.

    Segundo. “…la forma usurpa el contenido…” Álex, además de un hijo de la gran puta, que diría Arturo Pérez-Reverte, es ante todo un esteta, a su manera, pero un esteta. Y lo que nos muestra Kubrick, bajo mi punto de vista, de una manera excepcional, es el día a día de este personaje y su peculiar banda.

    Tercero. “…recubre la violencia de una estética que la convierte en un espectáculo agradable…” Efectivamente. Pero la estética de Álex. La película no sólo esta vista desde su punto de vista si no que está narrada por él mismo. Su día a día. Es su mundo no el nuestro. Y en cuanto a como el espectador percibe ese “espectáculo agradable”, parece que también hay discrepancias ya que durante su proyección siempre había gente que abandonaba la sala. Estamos hablando de 1971, puede que en 2012 y después de Tarantino y muchos otros ya estemos saturados de todo tipo de violencia en el cine.

    Cuarto. “No en vano La Naranja Mecánica ha degenerado en una marca.” Completamente de acuerdo aunque no veo nada de malo en tu comentario. Créeme. Lo mismo que las camisetas del Che Guevara, Albert Einstein o Marilyn Monroe. En el momento en que un icono se comercializa se convierte en marca. Para mí también lo es Cristo en la cruz. Señal de que la película ha dejado impronta.

    Quinto. “Stanley Kubrick ha querido agradar al espectador y ha convertido su película en un deleznable y vulgar producto de consumo masivo.” Imposible pensar que Kubrick hizo esta obra maestra pensando en hacer caja. Lo único que tendría en mente sería dónde coño le iban a dejar estrenar la película. Censurada en muchos países entre ellos España durante años. La película en su momento no se puede considerar un éxito comercial y el tiempo la ha puesto en su lugar al igual que muchas otras como Blade Runner por ejemplo.

    Y por último no hay que olvidar que el film es ante todo una sátira. Y que hay mucho contenido detrás de “lo visual”. La utilización que el gobierno hace del propio Álex. Quién es victima y quién es verdugo. En qué se convierten los seguidores de Álex. De qué ha valido la terapia aplicada. Por qué Beethoven…

    Lo que me agrada de todo esto es que “la peor” película de un gran director, hace que la vuelvas a ver de nuevo. Cosa que no ocurre con “la mejor” película de directores mediocres. Y a ti te pasará lo mismo. Seguro.

    Un abrazo Juan!

  2. Querido Alex (me refiero a ti, no al protagonista de “La Naranja Mecánics”):

    En el juicio sumarísimo contra esta película, de cuya brevedad justamente te quejas, ha interferido la percepción radicalmente diferente que una película como “Saló o los 120 días de Sodoma” me ha inspirado. De la pertinencia de la comparación entre una obra y otra solo yo puedo hacerme responsable, y puedo estar siendo arbitrario. Desde luego Stanley Kubrick no tendría la culpa de mi arbitrariedad. Pero lo cierto es que la película de Pasolini también está narrada desde el punto de vista de los cuatro jerarcas que secuestran a un grupo de infelices indefensos; y sin embargo,difícilmente el espectador podrá sentir empatía alguna por estos cuatro degenerados. Se diría que la violencia nos gusta cuando se reviste de formas ritualizadas como las del peculiar grupo protagonista de La Naranja Mecánica, y nos repugna cuando la violencia no está cubierta por esa estética que parece precursora de un cierto estilo de videoclips. Así que no puedo dejar de pensar que Stanley Kubrick se ha servido de la morbosa inclinación del público por el sexo y la violencia: en lugar de volver esa morbosa tendencia contra el público mismo, haciéndolo víctima de su propia inclinación, la ha explotado sin recato. Es lícito, por supuesto. Pero incluso narrando la película desde el punto de vista de Alex y sus secuaces, la cámara se guarda bien de mostrarnos la violencia en toda su crudeza. Sí, es el punto de vista de Alex, es verdad. Convenientemente filtrado por la cámara para que el espectador disfrute. Imposible pensar que incluso adoptando el punto de vista de un personaje grotesco y siniestro como Alex, la cámara no ponga de su parte. Mi juicio de valor es que la cámara, en esta película, es un filtro de aviesas intenciones.
    Te abrazo
    Juan

  3. Por cierto Alex, te adelanto que podrías tener razón si hicieras un juicio psicoanalítico de mi postura reinterpretando mi rechazo hacia La Naranja Mecánica por la repugnancia que me produce el hecho de que el visionado de esta película no me haya resultado desagrdable. Desde ese punto de vista, “La Naranja Mecánica” descubriría el lado más morboso y siniestro del espectador, explotándolo hasta conseguir que este sienta repugnancia hacia si mismo una vez comprobado que después de todo ha disfrutado. Sí, desde ese punto de vista La Naranja Mecánica sería profundamente subversiva. Es un punto de vista que no había tenido en cuenta, pero tu aportación me ha hecho reflexionar.

  4. Que la cámara no muestre la violencia de forma explícita como dices, creo que no es importante en este caso. Aún así te repito que había espectadores que abandonaban la sala en cada proyección por la “dureza” de las imágenes. La cámara actúa de la misma manera en cuanto al sexo se refiere, la otra gran pasión del protagonista. Me refiero al sexo consentido, no a las violaciones. De hecho, la escena del trío en casa de Alex es un puro divertimento, como cualquier otro acto del protagonista. Es totalmente mecánico, y nunca mejor dicho en este caso, filmado a cámara rápida como si de un gag cómico se tratara (Benny Hill) y acompañado de una versión acelerada de la obertura de Guillermo Tell para que todavía sea más efectista, si cabe.

    Todo en la vida de Alex es diversión, ya que es así como él concibe la vida, al menos la suya, y la cámara lo refleja como tal.

    De todas formas tus argumentos son perfectamente válidos y te felicito por haber superado con creces las cinco líneas de crítica.

    Un abrazo Juan!

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